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Ùltima espera

 

 

A mi madre

 

Cuando tengamos el cuerpo

saturado de acechos

e inventemos los pasos que llegan,

los sonidos que se acercan,

las voces que se escuchan,

todo será una pérdida de ojos

en el horizonte.

 

Nos llenaremos de canciones

antes de quedarnos vacíos

por este mar de constantes retiradas,

al menos ese murmullo golpeando en las paredes,

cuando las palabras se queden a mitad

de los asombros y comience

el vuelo del último pensamiento,

la carrera del agua llevándose

el último grano de las sombras,

y entonces solo queda

florecer.