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Elogio a la luz

                                                          Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.
Miguel Hernández

 

El cono silencioso de la tarde
sucumbe en la espesura.
Una promesa silva en espera del tráfico violento,
del deseo que es línea
saeta
empuñadura
silencio.
Quiero esa tarde que se escapa redonda
ese deseo hondo transparenta,
inmóvil
antiguo
los presagios
indiferentes a la hondura del alma
al caminante que finge estar dormido
mirándome en medio de la senda.
¡Luz, no te vuelvas! La negrura agazapada me
confunde.
Al filo del paisaje
Un ave levanta el vuelo
y tiemblo
como la pared azotada por ese guijarro.
Justo al alba, sostendré el mismo grito
Donde la tarde
Es perseguida por las sombras.
¿Serán hermanas de la muerte o la muerte?
Intentan derribar mi cuerpo
separarme de los lugares blandos donde aún
pueden caer
los besos desnudos
desesperados
vivos.
Te escucho, sombra errante, me estrechas,
dormitas achicando la luz.
¡No te vuelvas! Solo tú puedes llevarme
la luz a los ojos del alma.
Consumir las sombras
el gemido del oscuro,
peinar las tinieblas con el delirio del alba.
Volverte luz pura.