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Cantos de agua

                                                              Esta es agua amansada por la muerte.
Es fantasma
de un agua viva que brillará un día,
libre en el mundo, tibia, soleada.
Dulce María Loynaz


Traigo el sueño eterno de la palabra
el milagro bendito
descifro el mensaje oculto de los manantiales                                                                 
los signos sagrados que guardan las piedras.
Adivino entre las sombras
los vestigios del silencio.
Camino con los ojos cerrados
sobre el borde de las hojas
floto sobre la ondulante aureola de las almas
mirra que corta con si vuelo el aire
y cruza como un ave
las aguas fluctuantes de los sueños.
Soy un manso reclamos de las sombras
sobre la luz en caricia mortal.
La novia cautiva de un ángel que expira
soy entre sus alas un pétalo sublime
un solo de vida detenido
la nota que perfila los cantos de la luz,
los cantos del agua.

Paso a paso he roto los sortilegios de la sombra.
Paso a paso encontré el centro de los manantiales.
Fuentes sin mancha, escarcha finísima disuelta
en carrera sobre los prados.
¡Oh, manantiales encantados!
¡Melodía que purifica las almas!
que hace brotar de los cuerpos ramas, espigas
frutos sin manchas.
Son los cantos perfectos, indescifrables del agua
que develan de los cuerpos
sus oscuros misterios.
Soy otra en la rivera angosta
mi cuerpo ya no es mi cuerpo,
mis dedos cuál enormes alas son los nidos
de los pájaros que perdieron su casa
Estoy tan cerca del cielo que mi alma
se confiesa, se estremece
susurra
y luego calla.
Mis pies, raíces gigantes, a la tierra aferradas.
¡Dios, no me arranque de este suelo!
Déjame ser pura
como el agua.