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Ángel Escobar. Excogitar la rueda*

 

Dice:

Hombre untado de negro. Ojos rojos.

 

Dice:

Manojo de palmitos

de algarabía, de cabezuela

ramas flexibles...

Son de taray, son de retama

yerbas que todavía despiden.

 

Está en la garita de centinela y mira en torno.

Dice.

Esto es así: vigila.

Y el vigilado soy, es él.

Sólo un vaina.

Sólo un paje de escoba.

 

Ah, vivaz indígena de Oriente

familia radical, largas cañas

cilíndricas, desnudas

con penachos de espigas

flor verdosa y tan extrañas brácteas.

 

Escobar.

Abajo, hacia abajo, hacia más abajo.

 

El varillaje de un paraguas tiende hacia abajo

pero esa, no otra es su normalidad.

En cambio, él, yo padezco

parezco un papiloma.

Todo excrecencias soy.

Una hipertrofia de lo que fuera

su / mi normalidad.

 

Otro hombre. Otro.

(La Rueda) Acuclillado

los cabellos como carbunclos.

Enloquece.

 

Una vez tuve ramas angulosas.

O así me vi.

Verde, lampiño, con flores amarillas.

Y en racimo pulido... No,

podrido.

Negruzca la semilla

amargosa, babosa

canchalagua (en Honduras).

Disuelto, en cataplasmas

formo, podrías formar... es un decir,

hasta una bandolina.

Ah, pero untado de retama de guayacol, no sé.

 

El que enloquece piensa

en los misterios eleusinos.

 

Euforbia... Sitio sombrío.

Ramas de tamujo, ramas de cabezuela.

Cabeza.

Cabeza negra. Si es que madura,

fruto rojo.

Escoba amarga

(o mastuerzo: torcido, torpe, divergente

hojas glaucas)

o escobajo

raspa de un racimo de uvas

¿que yo fui?

 

Una vez dije ser Calímaco.

Agua seca, palabras secas.

Llevaba un charco de sangre negra

en el pulmón.

 

La Rueda.

 Una mujer que asciende (…)

Una mujer detrás del brazo izquierdo.

Un hombre detrás del brazo derecho.

Enloquece.

El buey reposa.

Aparece un negro.

Horrible, lo desfigura el fastidio.

Cuando se despereza, no.

Cuando se desespera, de pecho a pecho...

 

Abundo, abundo.

Escobar.

Escobazar... ¿Rocío?

 

Cepo.

En ángulo, una doble, ordinaria cortadura

raja la punta de mi oreja.

Y ya, antes, sangró, ¡recuerda!, junto a los cerdos

en una lejana nochebuena.

Pero me LEVANTÉ en las minas de El Cobre

un día de 1731.

 

Abundo. Abundo.

Escobar... barre.

Barro y barro. Y barrer nunca

te habrá premiado. Nunca consigo

que este Aquí (discútelo por fin

si se te antoja) brille.

Ni siquiera una vez.

 

¡Barre!

me dicen desde que nací, me dicen

ahora que estoy muerto.

 

Pero yo abundo.

Abuso.

Escobar.

Escobillar.

Escobillar el suelo, ¡lustradlo!

Cerdas de alambre, raíz de zacatón

corta y recia para suelos y trastes.

Broza bruza bronco brucero...

Se ve ascender un hombre negro, está lleno de pelos.

Manto rojo, tintero negro.

Abre el libro, repasa lo que llega y lo que se va…

Excogita. Luego deviene sitio solitario

(¡ñinga!)

porque en el Diccionario de la Lengua

LO NEGRO es torba.

Todavía.

 Broza, bruza, bronco brucero.

Ruedo (roto) entre cielo y tierra.

 Sí. Un agujero elíptico abría en dos mi cabeza.

Pasaban cables, cadenas. Las cadenas.