Reseña

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I


Querida hija, estoy de regreso. No me fui, tal vez, no me
Voy. Me esperaban en Viena alguna fama, algún dinero,
Algunas personas que quiero. ¿así que realmente no fuiste
a Viena? ¿No fuiste a Viena? ,¿ no fuiste a Viena?- le
pregunta Kafka a Milena. Pero esos aeropuertos con per-
sonas a las que nada puedes preguntar. Si preguntas, ¿vas
para Viena? Te respondes Oslo, o cualquier otro lugar,
todos se sientes perseguidos y te despistan (yo también).
Estoy escapándome frente al antiguo Rivoli, ahora solo
Fachada. Lo peor es que aquí también soy una extraña.
Ver esta destrucción y pensar que pude escapar fácil-
mete es una falacia. Mi avión andará surcando en al cielo
( eso me parece una malísima metáfora). Yo aquí, detenida
entre el perderlo y todo regresar. Este horror constante
ente el sangrar y el vacio. ¿Que la palabra puede rempla-
zar esta angustia, mi pobre imaginario perseguido por al-
gunas constantes de mi? No soy Simonne Well, la mística
judía, que comía la misma ración de pan que de los concentra-
dos para mantener su fe. Cuando estoy con Milena, en este
transito, siento el peor de los abismos: no estoy allá, pero
tampoco estoy aquí. (Por qué, yo hui del consiente de mí
hace mucho tiempo y, ahora, sólo me queda estar partida
entre dos túneles.) Esta esquizofrenia galopante; esa duali
dad de ser algo parecido a ti y, su representación esa
fuerza que me empuja a ser … “un de mas” y, esa otra que
permite creer un “yo”. Hija mía , lo que esta destrui
do no está afuera, sino dentro del cerebro del hombre, que
por más esfuerzos que haga vive su mito como si fuera la
verdad, y no puede comprender. Solo hay diáspora… Oigo
tu voz en mi oído, tu mano pequeña y caliente entre mis
dedos - “note vayas”, me dice. ¿Qué puedo hacer por
ti? Recuerdo de Fellini, donde el intelectual
asesina a sus dos hijos por miedo a dejarlos aquí; el miedo
al escándalo de vivir esta representación sin respuesta……

no llego a Viena – no llego a ninguna parte. Soy un
ser del tránsito, de los trayectos, de los procesos, no de la
finalidad. Me monto en un carro donde, de tantas perso-
nas, me falta aire … Hablo dos horas con un descono-
cido, en un parque cerca del Capitolio … La noche se ve ca-
yendo sobre mi, y entre sus sombras, la luna-como una
fiera de regreso-sale por detrás del miedo, y me alum-
bra: alumbra mi ilusión de ser perdida entre esta nada de
mi pobre imaginario que ni siquiera pude cambiar, ni pue-
de concebir, una visión más moderna del dolor…

La Habana, febrero de 1994.

La presente selección pertenece  al libro " Otras cartas a Milena"

Publicado Ediciones Unión 2004.