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LOS PUERCOS


Y gozan revolcándose en el lodo,
el mismo lodo gris que les aterra.
Escapan por la puerta que se cierra,
dibujan como nada lo que es todo.

Arenas movedizas en las plantas,
y un halo de firmeza en las miradas.
Las almas, como siempre, desalmadas.
Las santas, sin altar;  las brujas, santas.

Se forjan por azar sus propios cercos,
presumen de un “instinto racional”
y yo, que ya soy parte de estos tercos,

que tengo el corazón de un animal,
prefiero el lodo gris, como los puercos.
No traten de sacarme del corral.