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Detrás de la palabra que no digo


                                                         A Irela Casañas

Esta mujer que soy   la que fui
(distante la una de la otra)                  
marcada por la tentación de caer al vacío
amanece crucificada por las espinas    
sin héroes    ni jardines
triste vocación de Samaritana.
Ah, canción del solo abrígame otra vez
déjame entrar en el verso      
en la mañana sin adiós
traigo como epígrafe un boleto rumbo a ningún sitio
viejas desfloraciones      tal vez, y luego, exista.

En la hendidura de la mano que imita
seca el sol su magia    un  beso largo   desmesurado
me cuelga como niño    aproxímame a la luz
al ojo ancestral del caballo
donde perdura mi desgarradura infiel                   
espesura de mi tiempo contra el fuego.
Ah, fornicación mental ya no sorprendes
en el espejo viven aún los cuerpos con su lana brutal.
Invasión enemiga
no te ocultes tras mi desamparo
alguna vez fui mendiga    sentí el poder del verdugo
su palmada helada sobre mi hombro
pan ajeno doraba bocas exactas                   
aparezco olvidada     sin bosques  
ni mar donde ahogar duras penas        
siempre hay un final en apariencias
y yo gasto la risa como prueba
de que aún estoy sobre la marcha
(reciprocidad totalitaria)
Ah, canta nuevamente pajarillo encantado
deja el estiércol sobre la mesa
estrella del Sur devuélveme el verano selvático
su intención me acune
no sé por qué mezclo las palabras metal y humanidad
por qué digo basta
y un carromato echa a andar despavorido.
Quién puede quitarme esta soledad de animal petrificado
que cada vez se acerca más al sin sentido
saltos    el mismo y tenebroso salto
habrá un después con muchas preguntas
claro, sin respuestas.
Otro sol dormitará en la ventana         
para cuando no esté
yo tan cambiante     me obligan a cargar
mi desdicha        mi corazonada apunta  
zona franca    resumen de mí misma
viola los esquemas y sus formas.
Anuncios: primero quise ser la novia del Cisne Salvaje
luego, la amante de un hombre, a quien ratos
le faltaba el aire
ahora la concubina de Tutankamón
llegué a destiempo
sólo pervive este retrato de mujer antiquísima
mirando al mar       
cuadro espeluznante para el que miente
cántame pajarillo encantado la música del solo
abrígame nuevamente
tal vez, y luego, exista.

 

 Del libro Premio de la Ciudad: Después será la vida