Reseña

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después de discutir, mi niño.

Yo fui el primer domicilio del hombre

en  mi vientre acuné al genio y a la bestia.

Yo fui la primera que te miró a los ojos

 que distendió tus arrugas y te dio el primer aullido.

Fui la primera que te cantó una nana

una inolvidable nana inventada por estos labios resecos.

Fuerte soy como una montaña

tú subiste por mis laderas

apacentaste en mi fuente

y bajo mis árboles buscaste sombra.

Te di la resina

la sabia de mi raíz

el depósito de agua para días de desierto

y te cargué

aun subiendo por mi cuerpo

trastrabillando

alargué mis brazos

te di el junco de mi presteza

y llegaste hasta la cumbre.

Mis huesos gastados te dieron la bienvenida

aún enterrada en el buitre de los días

dejé pozuelos con agua

y panales de miel sobre la hoja del plátano

y cuando vi tu nariz de rey aventarse

beberse a bocanadas el aire de la inmensidad

me tendí a dormir

me dejé llevar por la corriente de la tierra

y aboné tus rosas.