El desvelo hacia el horizonte: discurso poético femenino granmense.

 

Por: Juventina Soler Palomino.

Una isla tiene sus límites en sí misma, pero a la vez, se abre al mundo en sus innumerables visiones desde un punto fijo “la propia criatura de isla”. Definir(se) y definir(nos) como esas “criaturas de islas” que solo ven el horizonte y desde él viven, suele ser desde la infancia, distintivo a partir de la sicología infantil y desde la propia relación con otras tierras lejanas, cuando precisamente se adquiere sentido para comprender este estadío geográfico y sociológico.  Esa puede ser ¿o es? la equidad que sostiene el espíritu de las aguas, al sentir transformado de la realidad en sueño, en metáfora, en desgarradura, en sentido vital de lo anecdótico, es por eso que la poesía de Cuba se renueva constantemente en esas esencias, en los momentos de relación sostenida con el agua y su maldita circunstancia por todas partes. La mujer, en este caso, es el ser de la isla en que se aprisionan todas las añoranzas y los abandonos y no es que siempre sean abandonadas, me refiero al “abandono” como concepto necesario para buscar una perspectiva lírica única y semejante a un pedazo de tierra inmóvil como lo es el horizonte.

La zona del oriente cubano guarda la doble revelación de “la criatura de isla”: el sentido tenaz y abarcador de su visión existencial, y son las poetas que viven en esta parte de la isla, las protagonistas del eterno desvelo hacía el horizonte.  Aunque la poesía cubana es muy sostenida desde su discurso poético, la escrita por mujeres de la provincia de Granma, territorio que tiene una geografía variada que abarca desde costas, elevaciones y llanos, además de un profundo sentido identitario de la historia de Cuba, como país de una mezcla sorprendente y amplia; demuestra que el decir lírico es una resultante de la riqueza espiritual que rodea al ser humano. Así la historia del discurso femenino de Granma abarca un período que va desde los primeros años de la república (1902-1958) hasta la actualidad.

No es objetivo de este acercamiento, a la poesía escrita por mujeres en Granma, de  hacer la historia desde el período citado, sino solamente (re)semantizar algunos elementos que caracterizan el discurso lírico de las poetas más actuales; mujeres que describen la realidad  (su) realidad con la palabra precisa y el marasmo que significa ser mujer y poeta en la Cuba de hoy.  En este ámbito literario ya existen nombres legitimados como: Lucía Muñoz Maceo, Zoila Sánchez, Rosa Más Calaña, Zoelia Frómeta, Evangelina Núñez, Juventina Soler Palomino, Yudith Izaguirre, junto a otros más recientes como: Sucel Ortíz, Roselia López, Migdalia Rodríguez y Saray Guerrero.  Los textos de estas poetas, se inscriben en la mejor tradición literaria cubana, aunque se legitimaron en la isla con la llegada del sistema RISOGRAF en el año 2000 que trajo al campo editorial del país una descentralización editorial, de las mencionadas, antes de ese año, habían publicado en Cuba o el extranjero, Lucía Muñoz, Zoelia Frómeta, Rosa Más Calaña y Juventina Soler; pero todas han publicado dentro del sistema mencionado, con la excepción de Zoelia Frómeta que actualmente reside en México.

El acercamiento a la realidad femenina  y sus contradicciones es uno de los principales elementos distintivos de estas poetas, me adcribo a lo expresado por  Nara Araújo en su texto El alfiler y la mariposa cuando analiza la postura definida de la mujer ante el producto literario: “No se trata solamente de leer a las escritoras para (de) descubrirlas (…) , sino de preguntarse de qué manera el poder se ejerce o se tolera, se sufre o se transgrede en el espacio textual” ,  es así que Zoelia Frómeta escribe: He aquí una mujer / promiscuamente solitaria/ llevando la herejía sobre su caparazón de cenizas (…) No la mujercita de blandas palabras: / amo mis harapos de prostituta  / el vino impuro de mis maneras bravías. Zoila Sánchez, también se mezcla a esa realidad: Es cierto: solo puedo ser Yo misma / devorada por mis sombras MIS DEMONIOS (…) Dadme un nombre cualquiera / para volver los ojos. / Concédeme una puerta, tendré cuidado / de sus trampas giratorias. Juventina Soler Palomino, refuerza su discurso femenino igualmente: Confieso ser hija de mí misma / insospechadamente en mascarada / escudo de un siglo / mujer.

En los años 90 la mujer cubana se sumergió en su introspección discursiva, o sea, se (re) construyó una realidad (otra), este aspecto lo analizo detenidamente en mi libro de ensayo Mirar a los lados: dos zonas de la poesía cubana de los 90, ediciones Orto, año 2007, que desmembra los elementos de la realidad mezclados con el entorno de la crisis económica de esos años. El oriente cubano, igualmente sintió los embates de una economía sostenida en el campo socialista europeo, y las mujeres (re) contextualizaron   su vida a través del verso. Estas poetas alimentadas por las aguas y el horizonte abren una compensación personal delimitando su proyección femenina; afuera el espíritu, la economía y la familia se desvanecen y por tanto, ellas respiran, no importa el tiempo en que lo hagan, porque hacerlo significa continuar viviendo.

La poesía femenina granmense, es la definición perfecta del sendero que la mujer- criatura de isla se construye para no perder su desvelo ante el horizonte.

En Bayamo, Cuba. El 3 de febrero de 2014, a las 5:14 de una tarde invernal.