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Árbol invertido

Volverme pies arriba,

ramas adentro, raíz al cielo

como un árbol invertido.

Volverme, sí, confundiendo los pájaros

que torpes anidaban mi pequeñez.

Confundir a los vientos,

el envés de la noche,

los arcos indomables,

la tarde, su jauría.

Las profundas gargantas de los cuervos sosegar,

las sucias transparencias,

el salto no escuchado

del suicida, los nudos,

las vacías ofrendas.

Mostrarles la dureza de mis líneas más íntimas,

mi piel de polvo y llama,

unas cuantas metáforas de praderas y ciervos,

Islas, blancos tallos

que cuecen mi estrenada sangre.

Como en un laberinto de espejos, infinito,

confundirlos a todos,

que no logren llegar jamás

hasta la estrella que en el centro

muere y renace, infinita también,

que no toquen sus giratorias espadas,

el fuego líquido en los labios.

 

Abrazar la lluvia con mis piernas.

Beberla luego mis cabellos,

los ojos.

Ah, verlo todo distinto.

La presente selección pertenece al  libro "Oscura cicatriz ”

Publicado por Poesía. Ediciones. Ácana, 1999 / Ediciones . Ávila, 2da edición, 2002