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Las ventajas del Discovery

La culpa la tienen los pingüinos. Si volaran, habría muchos más en las regiones árticas. Pobres bestias sin alas, me les parezco tanto. Y el agujero en las alturas que crece para que el sol nos destroce la piel, y es lo de menos. Lo peor son los cazadores de focas. Se acercan como quien acaricia o entona un salmo, el animal los mira confiado — nobles que son—, ellos le destrozan el cráneo de un mazazo, pero antes hacen un close up de sus ojos, los más impresionantes que haya visto, porque nada conocen del peligro, ni de las damas que lucen botas de piel de foca. Un segundo después esos ojos yacen sobre el hielo, mientras el animal expira y siente el rumor de una aurora boreal que ya se aleja. Ni la luna en creciente me haría olvidar la mirada de la foca que difundió Discovery para que yo soñara eternamente que alguien también me revienta los sesos de un mazazo. A veces extiendo la mano sólo buscando otra. A veces quiero decir mi as de oros, “hasta las suelas de mis zapatos te echa de menos”, pero me muerdo la lengua. A veces me abro el pecho a picotazos o con la absoluta sencillez de abrirme el pecho, pero siempre me acuerdo de la foca. Regreso a mi cubil, me armo con lanzas o con la fina ironía de los ilustrados. Me niego una y mil veces sin esperar que cante el gallo. Me lanzo al abismo pero no hay red que pare el golpe. Yo sé más que las focas y temo que exhiban mi piel en las vitrinas. Yo temo. Tú temes. El miedo se está volviendo incontrolable. Saberlo y conjurarlo, nos hace casi libres.
La culpa no es de los pingüinos, sino de Dios, que nos robó las alas.

La presente selección pertenece al  libro "Escuerzos".

 Publicado por  Ediciones Hermanos Loynaz, 2009